Cuando ganar no lo es todo
El pasado 24 de Febrero, el mundo entero se conmovió al ver que las amenazas de Rusia se hacían realidad: Ucrania empezaba a ser invadida, atacada y bombardeada.

Todos los ciudadanos del mundo se encogieron al ver como los ucranianos perdían sus ciudades, su historia, su país, e incluso, a sus amigos y familiares. Millones de personas, en distintas ciudades el mundo, salían a la calle, impotentes y furiosas, implorando el no a la guerra. 

Y así, casi sin darnos cuenta, la última semana hemos sido testigos de cómo un país poderoso ha ido ganando terreno en su país vecino, llevándoselo todo por delante,  sin importarle absolutamente nada.

Rusia gana. Ucrania pierde. Por lo menos en el campo de batalla.

Pero en la guerra, como en la vida, las cosas no siempre son tan exactas. Siempre hay pequeños matices capaces de cambiar el rumbo de la historia, capaces de convertir al vencedor en perdedor, y hacer del perdedor, el ganador.

En una sociedad donde cada día se le da más importancia al éxito, a ganar, a la superación y al triunfo, deberíamos empezar a preguntarnos qué es lo que realmente nos hace victoriosos. 

Pieza De Ajedrez

Cuántas personas que, al igual que Rusia, se consideraron grandes, poderosas y vencedoras… y con el tiempo descubrieron que lo único que consiguieron fue perder el respeto, cariño o admiración de sus allegados. Cuántas personas que, enfocadas en sus objetivos, sobrepasaron límites morales… que centradas en lo que querían conseguir, se olvidaron de las consecuencias de sus acciones.

Y es que nunca hay que olvidar, que cómo consigas tus éxitos y victorias, hablará más de ti, que la victoria en sí. 

Por ello, muchos perdedores de batallas, en realidad son grandes ganadores. 

Ucrania pierde terreno, pero está ganando el respeto de millones de personas. El cariño, la admiración, la compasión y generosidad que marcarán también el rumbo de la historia de su país.

Y al igual que Ucrania, también existen personas o empresarios/as… que lucharon por un sueño, y que aunque fracasaron en su lucha por conseguirlo, se ganaron el respeto y la admiración de su entorno.

Es necesario valorar los costes que conllevan nuestras luchas y si realmente merece la pena combatirlas. 

Preguntémonos de qué sirven las victorias, si para conseguirlas debes destruir a otros por el camino.

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